jueves, 26 de diciembre de 2013

Aquel bar.

Empujé la puerta con una patada. Entré allí con ganas de guerra, miré desafiante toda figura visible.

Por el suelo arrastrándose, Orgullo. Rebozándose en disculpas que vomitó de golpe por intentar tragárselas. En la barra, Dolor inconsciente con una botella en la mano. Agarrándola como si fuera su llave para salir de allí, cuando realmente correspondían a la jaula donde estaba atrapado. 

Al fondo, Cupido jugando al póker. Desplumando a Ilusión y riéndose vilmente.

De camarera, Esperanza, luciendo una sonrisa que incitaba a seguirla, sirviendo un par de horas a cada desesperado.

Avaricia golpeando a Conformismo, el cual gritaba: “¡Ya es suficiente!” mientras que cada puñetazo le respondía: “¡Nunca lo es!”. 

Pereza recostada sobre la pared, fumando con una pasividad insultante. 

Mientras me acercaba a Certeza, se aproximó Duda de puntillas. La esquivé.

Odio abriéndose paso hasta Cupido, pisando cabezas en su recorrido. Cuando llegó hasta él le reventó una botella en la cabeza. Se que lo hizo porque tenían cuentas pendientes, pero al ser ciego, Venganza le sirvió de lazarillo. 

Mentira disimulando y Verdad tras ella por suplantación de personalidad. 
Cobardía en una esquina, llorando y Miedo contándole sus cuentos. 
Lujuria saliendo del baño con los labios de Placer marcados en su cuello. 
Imprudencia ajena a todo bailando encima de una mesa y yo buscando a Felicidad. 

Por fin vislumbré su silueta en el horizonte de aquel antro, entre las columnas de humo. 
Comencé a disparar. 

Es de locos, tanto tipo duro y Felicidad en el mismo bar.
Ese bar tan céntrico llamado "La Vida".


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