martes, 12 de noviembre de 2013

Llamado ‘dolor’ y apodado ‘sentir’.

Entre primavera y primavera esnifó el invierno, y éste congeló sus venas, fue viendo como las rosas se marchitaban y las emociones emigraban en busca del frío calor de la soledad.

Y se cansó de la dulzura, exhausto de tanto sonreír.
Prefirió mudar la piel y hacerla coraza.
Rompió las cadenas, cadenas que eran amor, amor que ahora repugna. 

Como ese 14 de febrero que provoca picores en la nuca por sentirse tan cercano en la lejanía.
Sus manos acostumbraban a acariciar mejillas que al instante se enrojecían.
Ahora esas manos golpean vilmente cualquier indicio llamado ‘dolor’ y apodado ‘sentir’.

Entiende que el querer no es un problema, pero tampoco una solución.
Prefiere ser nómada entre luces intermitentes, como intermitentes son los labios.

Y si escupe al suelo es porque la vida repugna.
No trata de ganar la partida, tan sólo hacerla eterna.
Prefiere ser posible ganador a perdedor camuflado.

Ya que la felicidad es inodora, ¿por qué empeñarse en que huela a rosas?
Y siendo incolora, ¿qué mas dará imaginarla rosa o gris…?


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