He tratado de desnudar tu mente pero no he sabido por dónde empezar, ya que siempre se me quita el apetito tras masticarte con la mirada.
Lo siento, no sé en qué punto del camino decidió desorientarse el sentido común, no recuerdo cuando perdí el olfato para seguir tu rastro.
He pasado tanto tiempo tratando de convencerte que se me ha olvidado persuadirme a mí mismo. Y en cada nuevo asalto te veo más fatigado, te pesan más los pies, te escuece en mayor medida la conciencia y la memoria se mezcla más fácilmente en esta triste realidad.
Entiendo que estés exhausto de perseguir sombras que el sol dejó caducar, de buscar respuestas en un mar de dudas y de aguantar cada reproche tras una mala noche.
¿Dónde está el futuro que tú y yo nos merecemos?
Las alegrías que no vienen embotelladas y las lágrimas engendradas en la risa…
Aguanta un poco más, amigo.
Algún día tú y yo seremos la misma persona.

No hay comentarios:
Publicar un comentario