El otoño melancólico. Se acortan los días y el sol se vuelve vergonzoso. Y mientras se desploma el termómetro, las hojas optan por una caída suave y progresiva.
Durante el periodo estival uno ignora los detalles molestos, vive más deprisa y las emociones se multiplican en intensidad. Pero una vez más el calendario va desprendiéndose de estaciones hasta detenerse en ese mes de septiembre, en el que todo vuelve a su curso, a la llamada normalidad. Toca volver a empezar, volver a reflexionar.
En verano puedes prescindir de toda la ropa que quieras, pero cuando llega el frío, agradeces tener unos labios en los que refugiarte, unos ojos en los que perderte cuando estés cansado.
Caminas entre la gente y en la acera de enfrente ves parejas inmersas en su tornado de sentimientos, y tú, sin saber qué hacer, trazas unas miradas al suelo, incrédulo, asqueado, tratando de sentir que estas con ella, pero enderezas tus pupilas y continúas sin rumbo por tu camino habitual.
Calma, chico. Volverás a caminar a la sombra.
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